
Agudizo los sentidos mientras escucho y disfruto como el cielo se rompe en infinidad de pedazos.
Disfrutar de lo más simple conlleva a olvidar lo más complicado. Digan lo que digan, una llamada, una simple tormenta,un chiste sin gracia puede borrar hasta el más trágico episodio.
Confieso que no he vivido, y aunque los años no pesan sobre mí, me da miedo pensar y actuar como si fuese todo lo contrario. Aun así, me satisface. Pero ocurre que a veces vivimos en el mundo, común y arraigado a las más estúpidas costumbres, y aunque no queramos, nos sentimos parte de él, y el mismo peso de amor ponemos al odio y el grito en el cielo así como el puñal en la mano. Y gritamos al incomprensible tormento de los días, a las injusticias.
Vamos a dormir, y aunque ya todo pasó, mañana será otro día, y seguiremos en el mundo, ahora reincidente. Y nos llenaremos de más odio aún si cabe.
¿Egoismo? No lo llamaría así, pero a veces cuando odio al mundo más me quiero a mi misma.
[El mundo= mi mundo]

1 comentario:
Es díficil diferenciar el odio y el amor, puesto que ambos son muy parecidos. Mientras la vida transcurre probamos distintas etapas de cada una, es un sube y baja de emociones donde ambas sensanciones se mezclan sin querer, pero es necesario para sobrevivir a la vida nefasta, incalculada, insulsa, pero, además, aquella que la necesitamos de todas maneras para ser lo que somos.
¿Qué somos? somos lo que hemos creado en un mundo compartido, donde mi mundo se intercepta con otros logrando encajar suavemente ante los riesgos costumbristas.
un beso! :)
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