Tal como señalé al principio, vivimos tiempos extraordinarios para el estudio de lamente humana y para el conocimiento humano en general. Gracias a la ciencia cognitiva, la neurociencia,la genética del comportamiento y la psicoloíga evolutiva, comenzamos a alcanzar una comprensión de la naturaleza humana capaz de cerrar las últimas fracturas en el conocimiento: las divisiones entre la materia y lamente, y entre la biología y la cultura. Este proceso promete llevar a una comprensión especialmente satisfactoria y profunda de lo que somos, cumpliendo con el antiguo mandato de conócete a tí mismo.
Por otro lado, una mejor comprensión de lamente y del cerebro trae consigo la prmesa de cruciales aplicaciones prácticas. Por poner tan sólo un ejemplo, el Alzheimer se convertirá probablemente en uno de los principales males del mundo industrializado a lo largo de las próximas décadas, a medida que alarguemos nuestras vidas y dejemos de morir por otras causas. Tratar la memoria y la personalidad como manifestacinoes de un alma inmaterial o de algún agente irreductible y dignificado no ayudará a encontrar nungún tratamiento para el Alzheimer. Sólo lo obtendremos si tratamos la memoria y la personalidad como fenómenos bioquímicos y fisiológicos.
Sin embargo, reconozco que el surgimiento de una ciencia de la mente consiliente con la biología no es un hecho inocuo. Pone en cuestión creencias profundamente inscritas en la vida intelectual moderna y cargadas de valor moral para muchas personas. Las más fundamentales de estas creencias son las doctrinas de la tabla rasa, el buen salvaje, y el fantasma en la máquina.
Mi tesis ha sido que los nuevos avances de las ciencias de la mente no tienen por qué minar nuestros valores morales. Al contrario, constituyen una oportunidad para refinar nuestros razonamientos éticos y establecer nuestros valores morales y políticos sobre cimientos más firmes. En particular, no es una buena idea decir que la discriminación es mala sólo porque los seres humanos son idénticos entre ellos. Y no es una buena idea decir que la guerra, la violencia, la violación y la codicia son malas porque los seres humanos no tienen una inclinación natural hacia ellas. No es una buena idea decir que nuestros motivos sólo tienen sentido a nivel personal si no tienen sentido a nivel biológico. Todo eso son malas ideas porque implican que o bien los científicos deben resignarse a falsear sus datos, o bien todos debemos resignarnos a abandonar nuestros valores.
Por mi parte, sostengo que no tenemos por qué aceptar los términos de esta elección. Una distinción más nítida entre la ética y la ciencia nos permitiría conservar nuestros valores y saludar la nueva comprensión de la mente, el cerebro y la naturaleza humana no desde el miedo, sino con un sentimiento de excitación. En el siglo XVI la gente atribuía una gran relevancia moral a la cuestión de si la Tierra daba vueltas alrededor del Sol o si era al revés. Hoy en día resulta dificil comprender por qué la gente se empeñaba en basar sus creencias morales en una tesis tan claramente empírica, y sabemos que la moral y los valores sobrevivieron fácilmente al olvido de dicha tesis. Sugiero que lo mismo puede decirse de la gran relevancia moral que se da actualmente al rechazo de la explicación materialista de lamente y de la existencia de una naturaleza humana.
Steven Pinker
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La tabla rasa, el buen salvaje y el fantasma en la máquina.
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